sábado, 22 de marzo de 2014

Soy intertextual.

Hallo hilos de Ariadna, miasmas incluso, caminos de perfección, en la intertextualidad, palabra conquistada como una colina en una guerra por soldados que la hacen suya.
Viniendo a casa desde el metro después de la tutoría de teoría literaria, me vino a la cabeza la idea del hombre intertextual.
Hemos tenido tenido el hombre adánico, el héroe, el anticristo, el hombre accidental y ahora me viene a la cabeza el intertextual, ese hombre que no puede estar en ningún lugar porque está ya en todas partes y en ninguna, descentralizado, que sabe hallar los hilos y miasmas de las cosas atando cabos, cada vez con más vividuras procedentes del texto.
Llamo intertextualidad al hecho de que ya no hay nada escrito que no pueda remontarse a otro anterior.
La intertextualidad sin embargo impide la narratividad, la fluidez del texto propio.
Es como si un autor no pudiera seguir siendo propio ahogado por las vicisitudes del recuerdo, de la memoria de otros textos que se abren camino dentro de ti, en medio del autor. Tú no eres tú, sino que eres otros.
Me he dado cuenta de que soy intertextual, soy una persona hecha de textos que al fin ha visto sus enlaces, sus relaciones, sus recovecos y entresijos.
¿Habrá un fatum, un "destino", en el hombre intertextual?
¿Un silencio como intertextualidad?
A veces la textualidad no es otra cosa que textura, puro cuerpo, carne.
Y la intertextualidad, en cambio, permanece bien etérea, bien tangible, depende de la perspicacia en la que se encuentren nuestras sinapsis neuronales.

domingo, 16 de marzo de 2014

Amor.

La falta de amor en las relaciones sexuales nos habla de un mundo hético, lacerante y derrotado.
Amar se parece al viaje de un viajero que se despide de todo y va a su encuentro.
El amor, todo amor, permanece oculto en su magnitud al viajero, y sólo lo halla después de haber viajado por el mundo durante su existencia.
Para mi el amor es otra realidad formal. Otra forma. Esa forma que no quiere para sí la sociedad corrompida y abyecta por falta de amor, esa forma, ese estilo.
El amor como residuo de una duración, un compromiso. Una fuerza ciega.
Sin amor, sin amar, nadie está libre de entrar en la locura.
Si alguien deja de amar, o hasta que no ama, no sabe quién es ni qué es.
El amor es precisamente un compromiso entre una libertad y un recuerdo, libertad en el gesto de elección.
De repente algo se mueve alrededor del viajero.
Es muy cómodo y placentero hacer el amor. No practicar sexo, sino hacer el amor hallándose enamorado.

Palabras.

Hay palabras que se mantienen y se agarran a la vida por encima de la carne, por encima de todo.
Se niegan a morir, como apelando a tu propia existencia, desnudándote.
La vida humana se reduce a un sueño y toda escritura se hunde en la mitología personal y secreta de su autor. El estilo literario funciona a modo de necesidad, como si sólo fuera el término de una metamorfosis ciega y obstinada. Me gusta verme en el límite de la carne y el mundo.

¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño?

Desfilamos y desfila con nosotros el mundo atareado entre las almas de los hombres que se despiden y ceden su puesto como las pálidas almas en su glacial carrera, bajo estrellas que pasan, espuma de los cielos, sigue viviendo este rostro solitario.

La perfección en un párrafo.

No me importa que tus pechos se pierdan entre costillas de terciopelo, porque por esa planicie voluptuosa yo ascenderé al cielo. No me importa tu rostro flébil de tísica enfermiza, y miasmas que ensombrecen tu cuerpo débil. No me importa que tus lúgrubes fanales me aconsejen que tu féretro me aguarda, porque por un solo instante tu serás mi eternidad. Nuestras miradas tiernamente se encontraron en el abismo traspasando las barreras inicuas del mundo.

Vértigo.

"La conducta moral del  hombre se parece a su aspecto físico, que no es más que una caída continua".-J.P.Richter.
Los críticos de Gravity (el filme), si conociesen estas palabras, habrían escrito sus escolios de manera más esencial, más profunda, puesto que es un hecho que una de las grandes limitaciones de nuestra existencia es la gravedad, el abismo, la caída cuando en cualquier circunstancia pierdes pie (un golpe, una impresión, una caída, una conmoción, un atentado, un suicidio), el vértigo.
Hay un momento horrible en Gravity  y es cuando la chica (Sandra Bullock, que en mi opinión merecía el Oscar por tal actuación de órdago) pierde contacto con la nave y es absorbida en el espacio infinito por el abismo.
La sensación de vértigo es espantosa, la puede sentir incluso el espectador.
Es la misma sensación que siente Stewart/Scottie colgado encaramado del tejado viendo cómo más tarde la mujer que ama cae al vacío, y que él también puede caer al vacío inútilmente.
Recuerdo mi experiencia haciendo Bungee Jumping (puenting) y cómo todo se mueve hacia ti, y sientes miedo y vértigo en su estado más puro. Esos segundos son odiosos, pero luego todo pasa y una sensación indescriptible te envuelve. Es la adrenalina, que hace de las suyas. O tal vez durante unas milésimas de segundo, gracias a esta potente sustancia natural, puedas fundirte con el vacío.
Dijo Bachelard que somos seres pesados, cansados, lentos, seres cadentes. Por ello yo pienso que una psicología de la gravedad sería imposible llevarla a cabo sin meditar la idea de ligereza, o la nostalgia de ligereza, eso que arropa prodigiosamente a los dos astronautas de Gravity.
Según Steffens, el proclamado poeta noruego de la Naturphilosophie, 
el vértigo es una súbita soledad.
Quizá la muerte de Madeleine (la mujer que ama Scottie) sea en el filme de Hitchcock una sensación de súbita soledad. ¿Cuándo empieza a sufrir esa súbita soledad? ¿Cuando esconde un crimen repugnante?
¿Cuando descubre que un hombre oscuro la desea igual que si Empédocles deseara la muerte al sentir los vómitos de lava del Etna?
La súbita soledad absoluta la siente la chica de Gravity cuando pierde contacto con el único asidero que puede devolverla a la vida.
El vértigo es entonces una forma de sentirse solo en las profundidades del ser. Es caída evidente, es la ruina del ser. Es un vacío metafísico.
Y es también por ello uno de nuestros grandes sueños. Goethe escribió que no hay verdaderos deleites sino en el punto en el que comienza el vértigo.
Yo también he soñado muchas veces estar a punto de caer por el abismo.
Si no soporto las imágenes de las personas que murieron arrojándose a la nada en las torres gemelas es porque me identifico con esa escatología del terror que tuvieron que sufrir en esos deleznables instantes.
Todo esto, estas imágenes de la caída, del abismo, del sueño, de la muerte y la vida, también forman parte de la belleza de lo sublime.
Gracias a la gravedad, sobrevivimos o morimos.
La gente prefiere no pensarlo como si se pudiera vivir sin pensar todo el tiempo.
Es una caída continua, un vértigo eterno. Al igual que la vida.

sábado, 15 de marzo de 2014

¿De dónde procede esa búsqueda?

Esa necesidad de resolver los misterios de la vida cuando no podemos contestar ni a las preguntas más sencillas.
¿Por qué estamos aquí?
¿Qué es el alma?
¿Por qué soñamos?
Tal vez nos iría mejor sin mirar más allá. Sin ahondar. Sin anhelar.
Pero la naturaleza humana no es así. Ni el corazón tampoco. No es por eso por lo que estamos aquí.