domingo, 18 de enero de 2015

NIEVE.

Vas caminando y lo hueles.
Hueles el olor a nieve por primera vez desde hace mucho tiempo. Tanto que no puedes acordarte.
Y después de unos minutos caminando con la esperanza vana de que ocurra, sientes el primer copo de nieve del invierno en tu nariz.
Y tal vez no nieve copiosamente.
Y quizá sea una mierda en cuanto a cantidad.
Hace un frío de pelotas y solo unos cuantos copos se agolpan bajo tus pies. 
Pensabas que las predicciones se cumplirían por una vez y tu ciudad parecería el jodido polo norte.
La poca nieve se funde con la suciedad de la calle y desaparece.
Pero nieva.
Y nada más importa.



El principito.

-¿Y de qué te sirve poseer las estrellas?
-Me sirve para ser rico.
-¿Y de qué te sirve ser rico?
-Me sirve para comprar más estrellas.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Cuéntame una que no me sepa.

Una que suene de muerte.
Una de las que cuenta la gente sin saber si de verdad pasó.
De esas que todos critican pero que nadie entiende.
Cuéntame una de esas que se viven al compás de la envidia de los demás.
De las que nunca dicen que no a una botella de vino y siempre esperan al segundo antes de que sea demasiado tarde.
Cuéntamelo. Cuéntame algo que nadie haya tocado, tócame algo que nadie haya escuchado jamás.
Desafíname las cuerdas y  marca tu ritmo. Coge carrerilla y dímelo.
Dime lo que todos piensan y nadie se atreve a decir. Dilo.
Coge dos copas rotas y no tengas ningún cuidado.
Córtame la boca con eso que llaman ganas de todo y no te dejes nada.
Repite, si puedes.
Quédate encerrado en el ascensor que viaja entre la realidad y tu mundo paralelo. Sube, baja, y vuelve a subir.
Repite si te atreves. Atrévete.
Hunde los pies en la arena.
Deja que suba la marea, finge que no sabes nadar.
Recuérdame que hay una parte de mi que sabe respirar debajo del agua. Ahógame las excusas.
Dame una vuelta. Dame dos. Dame cien. Sin rodeos. No hagas pie.
Aguántame. La tormenta, la mirada, el vendaval.
Aguanta. Las ganas, la paciencia, el tirón. Tírate.
Cuéntame una que no me sepa.
Cuéntame otra. De esas que no nos dejaban oír cuando éramos pequeños.
Una de las que tienen sabor a lo que nunca podrás explicar y que explican por qué a veces es mejor no saber.

Cuéntame algo. Lo que sea.
Bájame los plomos. Llévame a bailar sin saber cómo moverte. Báilame.
Mueve la atención mientras nos disfrazamos de indiferencia. Sé diferente.
Ponme lo de siempre, que sepa como nunca. Ponme, a secas.
No vengas para quedarte. No te acabes de marchar.
Prométeme que no volverás y ven otra vez.
Ven, una y mil veces, y no te acostumbres a ninguna. Llega tarde, pero llega. Vuelve a volver.
Dame una cuerda y no la sueltes. Suéltame la mano y déjame colgar. Cuélgate.
Tira y no aflojes.
Salta. Salta y deja que vaya detrás. Detrás de sueños que no existen.
Duéleme. Duéleme en todas y cada una de las células de mi otro yo.
Del yo que soy cuando llueve y se mojan las calles y canta cualquier canción en un bar de mala muerte de las calles de mi cabeza.
De esas canciones que olvidas y un día desentierras de algún sitio desconocido.
Cántame. No preguntes. Toca.
Córtame los frenos y acelera. Crúzame en rojo y sin mirar.
Cuéntame otra. Una de las que nunca hayas contado el final.
Una que no sepas cómo acaba.
Ven. No avises. Aparece sin llamar.
Cámbiame los planes y convence a las horas para que pasen volando. Vuela. Vuela por encima de mis posibilidades y de las tuyas. Vuela lo más alto que puedas y tírate en picado a por lo que queda. Vuélame.
Arranca. Arráncame las páginas y léeme la última frase del libro que nadie escribirá sobre mi.
Mírame. Mira mientras ato los cabos que se sueltan cuando se desabrocha la vergüenza y de pronto todo es lo que parece.
Aprieta el gatillo, dispara las palabras que nunca oirás decir. Apriétame.
Di que esta noche se acaba el mundo. Y créelo.
No me hables de mañana.
Háblame de ti.
Cuéntame una que no me sepa.
Cuéntame otra.
Cuéntame.



jueves, 23 de octubre de 2014

Las inherentes quimeras que acechan la conciencia.

Con frecuencia, lo mejor es no pensar, no reflexionar para nada a cerca de lo que te rodea, de tus problemas, de la monotonía de la rutina.
Porque si piensas te resulta absurdo.
Levántate! Retrasa si quieres unos minutos la alarma del despertador. Piensa en las cosas que tienes que hacer hoy. Date una ducha que no querrás ser esa persona del vagón de metro que va apestando.
Ah y desayuna bien (dicen por ahí que es la comida más importante del día). Vístete y a estudiar o a salir de casa para ir a estudiar o a clase. Piensa en lo que te apetecería comer. Come luego algo que no tiene nada que ver con lo que habías deseado. Recoge la mesa y friega los platos. Ve a clase o échate la siesta. Y después a pensar en la cena o en ver alguna serie de televisión. Y a hacer tus obligaciones. Y a dormir, que mañana hay que levantarse pronto para que no se te olvide hacer todas esas cosas insustanciales.
Creo que la realidad nos supera, nos absorbe. Creo que generalmente las personas se levantan por la mañana y no les apetece moverse y por unos segundos o a veces minutos piensan en por qué hacen lo que hacen, por muy felices que sean. Incluso aunque ellos mismos, meses o años atrás, hayan tomado la decisión de hacerlas y les guste su vida.
Creo que las expectativas nos hunden.
Y que puedes tener muchos sueños pero son muy irrealizables.
Y creo que si alcanzásemos aunque tan solo fuese uno de ellos (o tal vez todos), nos seguiría resultando insuficiente.
¿Está en nuestro genoma el inconformismo, el "quiero más"? Puede ser.
El caso es que entonces piensas que quizá tengas lo que llaman "crisis de identidad" o tal vez seas una gilipollas caprichosa. Y sacudes la cabeza, dejas de pensar en esas cosas que podrías estar haciendo en vez de las que haces ahora, las ignoras, las ahogas en una parte profunda de tu mente como si las encerrases en un cajón con llave y entonces lo olvidas y vuelves a pensar en lo que tenías que hacer hoy.
¿Ves? La rutina te atrapa.
Y aunque ya no sigas reflexionando sobre eso, te sientes como si te engañases a ti mismo e intentases esconderte lo que piensas.
Y desechas esa idea que pasa por tu mente unas milésimas de segundo. Te sientes como un niño que piensa que tiene un monstruo debajo de la cama y no se atreve a mirar y se arropa más fuerte en el tacto conocido de su edredón.





miércoles, 8 de octubre de 2014

The way we get by.
















We get high in back seats of cars
We break into mobile phones.
We go to sleep to shake appeal
Never wake up on our own.
And that´s the way we get by,
the way we get by..
We go out on stormy weather.
We rarely practice discern.
We make love to some weird sin.
We seek out the taciturn.
And that´s the way we get by,
the way we get by.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

La Apariencia.

Si hay un autor al que releo constantemente es Nietzsche. Su visión del mundo supone una dificultad y requiere de un aprendizaje previo.
Prácticamente no hay un texto de Nietzsche que pueda entenderse aislándolo de los demás.
Su pensamiento, igual que la tragedia clásica, tiene la vocación de una unidad. La estética, la historia y la filosofía suponen un conjunto inseparable y la poesía termina por envolverlo todo.
Cuando el mundo o cualquier circunstancia adquieren unos tintes de confusión o violencia, no queda otra salida que regresar a Nietzsche para reconocer y entender el sufrimiento.
De algún modo la humanidad sufre y muchas de las manifestaciones de los hombres se han transformado en locura, como ya viera Platón al introducir una forma de pensar no trágica.
Nietzsche en cambio conoce el dolor, conoce la enfermedad y entiende perfectamente que los griegos se hayan dado a lo que él gusta de aunar lo apolíneo y su antítesis, lo dionisíaco, como potencias artísticas que brotan de la naturaleza misma sin mediación del artista humano.
El mundo sólo tendría una justificación como fenómeno estético, pues las apariencias son lo único en lo que podemos creer y la exterioridad de los hombres, las formas artísticas, hablan de la profundidad de los hombres.
Leyendo a Nietzsche se percibe la enorme influencia del filósofo en el psicoanálisis y la fenomenología posterior. De otra forma, nadie se habría atrevido a diferenciar lo consciente de la razón. Todas las teorías del conocimiento previas se desvanecen, se derrumban estrepitosamente por los sueños, lo onírico, uno de sus grandes temas, porque lo onírico (propiamente estético) es inseparable de lo dionisíaco. Atrás ya no queda nada. Ni Descartes, ni Kant, ni Hegel ni los ilustrados franceses.

“El pensamiento es la intuición de la unidad, afirmación de la vida y de la muerte, no una afirmación heroica o patética, no una afirmación titánica o divina, sino la afirmación del niño de Heráclito que juega junto al mar. Ese niño juega en la playa construyendo montones de arena, castillos que luego destruye para volver a comenzar".







viernes, 22 de agosto de 2014

Caos.

"El caos siempre derrota al hombre porque está mejor organizado"
-Terry Prattchet.

Esto no es Australia pintada por un drogadicto con mono ni tampoco es una cagada de pájaro.
Es la mente dibujada con la mano.
El caos es un estado indefinido y amorfo que se supone anterior a la ordenación del cosmos. Es confusión.Es impredecible.
La perfección es un concepto que solo existe en nuestra mente.
Por eso nos jode tanto perseguirla y buscarla: porque nunca la encontramos.
Soy adicta al caos porque lo considero un orden sin descifrar en el que se encuentra la perfección.
La creatividad es un proceso que tiene lugar cuando la improvisación se cita con el caos; la improvisación exige perder el equilibrio deliberadamente. Tomar decisiones sin reflexionar.
Encontrar en el desequilibrio la perfección.
Crear algo con total desatención al resultado.
Dejar de aferrarte a la seguridad de lo conocido.
Convertir la experiencia en el producto. Abrirte al fracaso. Dejarte caer.
Empaparte del sabor de la incertidumbre. Liberarte.
Reventar el paradigma.